Mea Culpa – La Agricultura que aprendimos en los 70’s

Todo cambia, la vida es un constante movimiento, una evolución permanente, una acumulación de éxitos y errores, unos personales y otros de tipo global : sociales, políticos, económicos, en donde individualmente perdemos el control de lo que sucede, no teniendo responsabilidad en los cambios, más sí participamos de sus consecuencias.

Hace muchos años (años setenta), al agricultor costarricense , los gobiernos de turno, los bancos del sistema, la sociedad como un todo, nos convirtieron en destructores del ambiente, en enemigos de la naturaleza. Destruímos montañas para convertirlas en potreros, y los potreros para convertirlos en tierras aptas para la siembra de los granos básicos. Aún hoy yo me pregunto cómo fue posible tanta barbarie y el silencio cómplice de todos los integrantes de la sociedad costarricense. Por supuesto que existían muchos intereses económicos y políticos: Fertica, los importadores de insumos agrícolas, las imposiciones a los bancos por parte del FMI, los PAES, etc.

Ha pasado el tiempo, y con el gran parte de ese bagaje de vergüenza y de perpetración a la naturaleza y a las futuras generaciones. Hoy son otros los agricultores, otros los cultivos, otras la fincas, pero aún se mantienen asolando como buitres alrededor de la actividad, los grande intereses. Por un lado las transnacionales y gobiernos extranjeros y por el otro, la miopía o ceguera de nuestros gobiernos en tratar de lograr la seguridad alimentaria para la población costarricense.

No mucho ha cambiado desde entonces. Antes envenenábamos nuestros arrozales, nuestros ríos, nuestros peones, y hoy hacemos lo mismo con las extensas plantaciones de cultivos como la piña y el banano. Otros los culpables, siempre los mismos inocentes, el pueblo, las futuras generaciones.
Pecamos de inocentes los productores de esa época, pecamos de ignorantes, sin embargo el resultado fue el mismo: la destrucción, la desolación, la ruina y la quiebra de innumerable cantidad de familias rurales, del inicio de una constante inmigración de los campos a las periferias de las ciudades, de la pobreza, del hacinamiento. Pero algo si es necesario aclarar en nuestra defensa (¡si es que la hay!): se nos vendió la idea en ese momento histórico, que destuír, era desarrollo, era riqueza, ¡pero se les olvidó decirnos para quiénes!

No logro todavía entender como nadie, absolutamente nadie, dijo nada, a como hoy tampoco nadie, abolutamente nadie toca los temas álgidos de interés nacional. Se repite la historia; ¡que corta es la memoria humana!.

Años después empecé a escuchar acerca de la agricultura orgánica, la cual para ser sincero al principio no me hacía nada de gracia. Ver esos tomates todos feos, esas papas chiquitillas, ese apio enano, una remolacha del tamaño de un jocote, me hacían pensar que comer orgánico era como cambiar la mama por un burro; pero algo me decía, que un cambio profundo a nivel alimenticio por parte de la población, debía por obligación tener muchas bondades, para que el mismo se estuviera desarrollando con tanta rapidez y de manera universal.

Y entonces me propuse averiguar de qué se trataba todo este asunto, a leer, a investigar, a conocer a los agricultores de esta nueva corriente productiva, y hoy me doy cuenta de lo equivocados que estábamos; y que a pesar de que lo sabemos, al igual que hace cincuenta años, se siguen cometiendo prácticamente los mismos errores.

Por ser normativa de este blog que los artículos no sean muy extensos, próximamente, con la gentileza de los administradores del mismo, seguiré comentando acerca de este apasionante tema.

cosechadora de arroz

Written by Oscar Ortiz

Oscar es un libro lleno de historias y experiencias que se unió como colaborador en nuestro blog para comparti sus puntos de vista. El comenzó su vida profesional muy temprano con la industria maderera a finales de los años 70s; dedicó muchos años a la agricultura de granos básicos a gran escala, a la ganadería y la agroindustria. Hoy, muchos años después, ve hacia atrás y está consciente de la necesidad de un cambio de paradigmas en la manera como producimos nuestra comida.

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